domingo, 7 de diciembre de 2014

Ruinas en construcción

Si algo he aprendido de los quince años que llevo aquí, es que cada cosa mala tiene su parte buena, que después de cada mala racha llega algo que te llena, te hace sentir bien y parte de algo.
Todos tenemos formas de desconectar de mundo, de entrar en trance y dejar que las horas pasen sin ser conscientes de ello; lo hacemos inconscientemente, como forma de evadirnos de la realidad y dejar de sufrir pero, cuando volvemos a recordar como es el mundo que nos rodea, el dolor vuelve con el doble de fuerza.
Piensas que nada volverá a ser como antes, cuentas los días, los meses... Las fechas se te quedan grabadas a fuego en tu mente. Y haces un mes, dos, tres... Las estaciones van pasando y no quieres que el tiempo siga su curso porque sabes que cuanto mas pase, mas lejos estás de esa ``última vez que...´´ Nada volverá, y te acaba dejando de importar todo, aunque llores con sonrisas delante de la gente.
Pierdes las oportunidades, la vida y el amor se te escapa entre las yemas de los dedos, como si de agua se tratase, y no puedes agarrar ni si quiera un poquito, algo que te haga sonreír, no puedes porque ya lo has perdido todo.
O eso creías, porque en la vida nunca se sabe, las oportunidades vuelven, ese líquido se convierte en solido, solido como vuelve a ser todo. Empiezas a despertar, a salir de ese ``trance´´ y todo es distinto, te das cuenta de que si que tienes amigos y amigas, que te apoyan, te enteras de que la gente te quiere, aún cuando te comportas como una suicida, te desperezas, después de tantos meses durmiendo en otro mundo y vuelves a sonreír. Reír es placentero, y a la mas mínima lo haces, te hace sentir bien, tan bien como mirar a quienes quieres y pensar ``les importo, los traté fatal pero les importo´´ y así, poco a poco, es como todo se reconstruye.

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