Las cosas no son como tu piensas, al principio vives ilusionada, deseando todo lo mejor, eres positiva, optimista... Sabes que todo va a salir bien, que va a ser un gran día y que nada ni nadie va a poder joderlo.
Te duermes pensando eso, que te vas a despertar y en pocas horas ser infinita, porque de eso se trata, de sentirnos infinitos junto a otras personas. Pero oye, que todo se tuerce, nada sale como tendría que ser, siempre hay baches, grietas, endiduras que impiden avanzar.
Que lo que se supone que será una sonrisa acaba siendo un enfado, que tienes que morderte la lengua para no estallar, tus ojos pican y escuecen de aguantar las lágrimas. Y todo por excusas.
Ah, las excusas, que buena salida son para los problemas, pero que mal nos sientan cuando nos las dan. No se que es peor, si una verdad dolorosa o una excusa pillada incluso antes de que te la cuenten entera. Se supone que si no quieres algo, lo dices y no te andas con mentiras, pero eso solo lo piensas cuando a la que están engañando es a ti porque, cuando es al revés, no tienes problema en resguardarte en argucias.
Al final todo se resume a lo mismo: Creer que algo está mal cuando nos lo hacen, pero a la hora de salir de un problema o compromiso, no tenemos problema en jugar sucio.
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