Me dicen que me calme, que cierre los ojos y respire lentamente. Tengo que tranquilizarme, pero no puedo. El grito ahogado de mi hermana aún retumba en mis oídos.
-Yo... Yo no... Quise hacerlo...- susurro entrecortadamente.
El frío metal de las esposas del policía besa mis muñecas y me recuerda al filo del cuchillo entre las costillas de mi hermana. Aún tengo en mente lo fácil que fue traspasar su cuerpo, como si estuviese partiendo un trozo de mantequilla para las tostadas del desayuno. La calidez de su sangre en mi boca me hace sonreír y decir:
-Solo tenía hambre.
El policía me mira asqueado y me mete en la parte de atrás del coche patrulla, la cual tiene los cristales de la ventanilla tintados y mi único entretenimiento es chupar los restos de coágulos de mis brazos.
-"Una pena que me hubiesen pillado antes de poder comérmela"- pienso con rabia.
Si para algo había matado a mi hermana era para luego comerla, no para que la enterrasen y los gusanos me quitasen mi alimento.
Todo el plan, cada planificación al milímetro que había hecho, las horas y horas delante del ordenador aprendiendo a acuchillar en zonas poco importantes para poder ir comiendo mientras ella siguiese viva... Todo a la mierda por culpa de que la muy gilipollas tenía una llamada por Skype con su novio activa y él aviso a la policía.
En cuanto le vea pienso describirle como la agarré por el pelo, la tiré al suelo, le clavé el arma blanca y lamí el filo bajo su horrorizada mirada... Pienso decirle cada mínimo detalle y, después de ello, le pediré que se acerque a mi porque... Voy a tener hambre.
Ay dios...te acabas de marcar un paula
ResponderEliminarPor? JAJAJA
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