Llega un momento en la vida en el que tienes que elegir. Elegir si vas a hacer una cosa u otra, y escojas lo que escojas, siempre vas a estar jodiendo a alguien. Quizás pienso demasiado en los demás y muy poco en mi, pero me cuesta hacer daño solo por yo estar bien o feliz. Es una putada eso de tirarte días y días rayada por algo que, al final, vas a hacer lo que desde el principio tenías pensado.
Entonces eliges, coges y te decantas por una opción y rezas, si, rezas a grito pelado para que no salga mal, para que lo que has echo sea lo que en verdad te va a hacer feliz. Te pasas horas y horas sonriendo como una boba y, parece que todo está arreglado, que se acabó estar mal, y eso puede que, con el tiempo, sea cierto.
Y los recuerdos vuelven, poco a poco vas encontrando en tu memoria cosas que parecías que las habías perdido para siempre. Hay una diferencia. Te gusta. Recuerdas. Sonríes. No lloras. Te acuerdas de los detalles. Sonríes mas. Y entonces si, ahí es cuando te das cuenta de que eres infinita.
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